No somos más que muerte.
Una muerte triste y solitaria, rodeada de gatos callejeros que desgarran las cortinas de un ático barato.
Una muerte rápida como un puño, como un pestañeo.
Una muerte con preaviso, con medicación, con lágrimas y familiares alrededor de una cama de hospital. Un catre tan blanco que asusta, tan limpio que parece que esconde un secreto terrible y, sobretodo, grande.
Una muerte silenciosa, entre sorbos de whisky barato y caladas de cigarro.
Una muerte dolorosa, sin ayuda de ningún tipo, una muerte de huesos, piel y sangre y la consciencia de morir que todo lo nubla.
Una muerte accidental, tan estúpida como una mala pisada y tan absurda que nadie encuentra sentido alguno.
Una muerte premeditada, con píldoras rojas, ventanas abiertas de par en par, notas de adiós muy buenas y parientes llorosos como bebés.
Pensándolo bien, largo y tendido, es la muerte la razón primera de la existencia.
La condición primera y absoluta, el eje de la propia vida no es otro que la no vida.
Los católicos se olvidan de la vida verdadera, engañados por una eternidad ficticia, intangible, pero una eternidad al fin y al cabo y los ateos no pueden realmente vivir sin ocupar sus días hablando de la inexistencia de un dios inepto, cruel y absurdo.
Critican al hombre que vive a las órdenes del propio hombre y ellos viven inmersos en una mierda muy parecida, pero bastante peor, quizás más consciente y por ello quizás más despiadada y desalientador que la esencia de la propia alienación.
Me gustaría que dejases lo que estés haciendo en este instante y me hablases de la vida. No todo es tan negro.
No hay color.
kishoku

Y que es la vida sin la muerte,todo biene y se va, todo fluye, pero nosotros energia universal nunca morimos si no que nos transformamos, pero en que?